Sin desesperación no hay esperanza

Sólo un paso la separaba de la gloria, le faltaba poco para llegar, para alcanzar su objetivo, para afirmar sin duda alguna “lo he logrado”. Sin embargo, el destino es cruel y traicionero: aquel sueño no debía ser más que eso un sueño, un anhelo, una idea, algo intangible que no debía volverse realidad.

La meta estaba a su vista, cada paso le pesaba el doble que el anterior, cada segundo era una eternidad. A cada zancada, el camino se hacía más estrecho, la sombra se cernía sobre ella, le faltaba el aire. De un momento a otro, y sin previo aviso, todo fue oscuridad, silencio y desesperación.

—¡No!. En medio de ese silencio de ultratumba, su voz fue tan clara como el agua, tan lastimera como el llanto de un niño. Notó entonces cómo en un parpadeo todo aquello por lo que había luchado arduamente desapareció ante sí, dejando sólo el vago recuerdo de lo que fue y de lo que prometía ser.

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