Entregada al llanto

El ocaso se cierne sobre nosotros, con parsimonia y magnificencia, el sol se oculta en el horizonte. El firmamento se oscurece más rápido de lo normal, el ambiente se siente ahora un poco más frío de lo que se sentía hace un par de minutos. Alzo la vista y veo las gotas de agua precipitarse sobre la tierra. Es una suave e inofensiva brisa, con cuidado extiendo los brazos lo suficiente para sentir el agua caer en mis manos. Las primeras gotas me causan escalofríos. Sin embargo, unos segundos después sólo siento una frescura, que de alguna extraña forma, abraza mi ser y le brinda calidez. Clavo la vista en mis extremidades, las voces que me rodean empiezan a reducir su tono, se transforman en murmullos y finalmente desaparecen.

Me encuentro tan absorta de lo que pasa a mi alrededor, que todo lo que puedo ver, sentir y percibir es la lluvia que cae en mis manos. Estoy ahí, pero realmente no lo estoy: mi mente me ha llevado a un lugar desolado, a la nada; no hay bondad ni maldad, no hay angustia ni alivio, todo lo que permanece son sentimientos de paz y tranquilidad, la soledad y yo. Observo el agua, la veo descender solemnemente por mis manos y pienso que, justo ahora, no hay cosa más hermosa que ella. Un sentimiento de tristeza me invade y no logro evitar pensar que el cielo llora en esta oscuridad, que la venida del crepúsculo en esta noche de luna nueva le causa una tristeza inimaginable. Siento el agua caer por mi rostro: estoy llorando. Hace mucho que no hago esto, pues realmente no tengo un motivo para hacerlo. Sin embargo, él me ha conmovido, así que permanezco ahí, compartiendo esos minutos con él y su dolor, viendo sus lágrimas reposar en mis manos y ofreciendo las mías en retribución por el atrevimiento. No le doy consuelo, pues no hay consuelo para tal desdicha, así que le brindo todo y lo único que puedo: mi compañía.

Pasa el tiempo y, con él, logro traerle la calma a mi mente una vez más. Parpadeo y suspiro, acomodo tras mi oído un mechón rebelde que se ha escapado. Noto entonces que éste también está empapado, deslizo mis manos por mi cabello y siento la humedad en él, pasa lo mismo con mi rostro. Me doy cuenta que todo este tiempo no había estado derramando lágrimas, era la lluvia la que acariciaba suavemente mis facciones. La desilusión me invade: ¿él me engañó o me dejé engañar por él?, intento encontrar una respuesta a esta pregunta, pero abandono este pensamiento tan rápido como llegó; todo lo que importa es que sólo fue una quimera y que yo me entregué a ella. Sucumbí ante el dolor, ante la tristeza y el llanto, no hay nada que pueda hacer para cambiar este hecho, sólo me queda aprender de este desliz.

El silencio empieza a desaparecer, el ambiente se llena de voces y risas, de bromas y comentarios sarcásticos: he vuelto a la realidad.

Advertisements

8 thoughts on “Entregada al llanto”

    1. “Los errores fortalecen, a condición de no dejarse abatir por ellos, y enseñan lo que no se ha de hacer otra vez, lo que se ha de evitar.”

      —Noel Clarasó (1899 – 1985)

      Like

  1. Guau, realmente he sentido cómo me teletransportaba a otro mundo, muy distinto de la realidad, que acompañado de esta lluvia, era como si estuviese en la piel del personaje…

    Muy gratificante 😀

    Saludiness!

    Like

  2. Vaya, estuvo genial… Personalmente cuando estoy bajo la lluvia pienso en las mujeres y muy dentro de mi con un pensamiento de lo mas natural digo: vasha definifinitivamente me gustan mojadas… XD. Bueno ahora tambien podría pensar que el cielo llora cuando en mis pensamientos yo me rio.

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s