Sueño vívido III: Y se hizo la luz

—Quita esa horrible expresión en tu rostro —me dijo—, ambas sabemos que no vine hasta aquí para lastimarte, es más deberías sentir dicha y alegría al verme hoy, en este lugar, a tu lado.

Minutos antes sentía temor, ahora inseguridad, duda. No tenía idea de a qué se refería, no sabía por qué debería sentirme feliz por su presencia, su objetivo aún no era claro para mí. Aún así, en sus palabras vi mucha seguridad, por alguna razón desconocida confié en sus palabras, le creí. Cambié de posición, me senté, crucé mis piernas e inmediatamente empecé a pensar en las muchas o pocas posibles razones por las cuales la tenía junto a mí, pero no logré llegar a ninguna conclusión, mi mente no me daba una respuesta.

Mis pensamientos se vieron reflejados en mis facciones, justo cuando terminó de hablar reemplacé mi expresión de terror por una de inseguridad. Al parecer, a pesar de estar en una oscuridad absoluta, ella pareció haberlo notado, pues exhaló pesadamente.

—Esto tardará un poco más de lo que había pensado —afirmó—, aún así será divertido, o al menos para mí lo será.

Escuché un chasquido y el cuarto se iluminó…

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