Más que calma, serenidad y paciencia

Poniendo al límite tu paciencia (y eso que tienes bastante). Es algo que pasa cuando te decepciona no una, ni dos, ni tres, sino cuatro y cinco y muchas más veces. Pasa cuando esperas que cambie, que mejore, que sea más responsable, no esperas una metamorfosis total, sino que respete aunque sea un poquito tu tiempo, tu dedicación, la molestia que te tomas para dedicarte a esto. Pero no lo hace, le va y le viene, le da lo mismo, o al menos eso es lo que te permites pensar, dado que no da señales de que le importe, de que le interese, de hecho, no da señales de cosa alguna, sabes que vive porque otros lo ven, porque otros lo dicen.

Le da igual y tú crees que tu mundo sigue siendo igual, crees que no te afecta, que manteniendo la calma y la serenidad lo puedes manejar, pero sólo vives una mentira. Poco a poco, y sin notarlo, empiezas a comportarte diferente, eres sensible a las palabras de otros, eres agresiva con ellos y terminas desquitándote con aquellos que nada tienen que ver en el asunto. Tú no lo notas, pero ellos sí, de alguna forma te entienden y te lo hacen ver. Entonces, es evidente que sí te afecta, de que muy en el fondo estás enfadada, de que la rabia inunda tu ser y que hará falta más que calma, serenidad y paciencia para apaciguar este sentimiento.

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