¿A dónde irá Alicia?

Es otro hermoso día en Gloucestershire, viste un sencillo vestido azul, se encuentra sentada en el sofá que da hacia la ventana, con los pies sobre éste y la vista fija hacia el exterior. Su cuerpo está ahí, pero su mente no, ésta se haya divagando en un mar de memorias. Piensa en él y en todo lo que pasó. Recuerda los buenos y malos ratos, las risas y las lágrimas…

Desde ahí aprecia toda la hermosura del paisaje, el sol empieza a ponerse, y a lo lejos puede ver la magnificencia de lo que son sus últimos rayos para el día. Un impulso la asalta y la lleva a dejar atrás las cuatro paredes entre las que se encuentra ahora. Un paso, dos pasos, puede sentir la hierba húmeda bajo sus pies, baja su vista al suelo y detalla que la frescura que siente se debe a que ha salido de casa con los pies descalzos. Una suave brisa decoró horas antes la tarde británica y justo ahora puede verse envuelta por los restos que ésta dejó atrás. El sentimiento es tan embriagante que decide cerrar los ojos y, en línea recta, caminar un poco más. Sigue su rumbo sin una meta en particular, respira, camina, y se dedica sólo a sentir la humedad de la tierra.

Ignora por cuánto tiempo se ha estado desplazando, abre sus ojos y puede ver frente ante sí la entrada al bosque, ese bosque mágico y encantado, tenebroso y aterrador, el bosque sobre el cual su padre solía contarle un sinfín de historias. Por un momento desea adentrarse en él: desaparecer, perderse en un mundo de ensueño totalmente alejado de aquella persona que sólo usa mentiras disfrazadas con artificios. Sin embargo, antes de dar siquiera el primer paso, reflexiona, piensa y decide que no se justifica abandonar tan magnífico lugar sólo porque alguien que no vale la pena la lastimó.

Da media vuelta y empieza a retroceder, a regresar a casa. Da un paso, dos pasos, al tercero se detiene y vuelve la vista al bosque encantado, sonríe, regresa su vista al camino y continúa andando mientras piensa en todo lo sucedido. La verdad es que en el fondo sabía que no duraría para siempre: era algo efímero, momentáneo, y condenado a morir conforme el tiempo avanzaba. Pero eso carecía de importancia, era algo que ahora hacía parte de su pasado, y así seguiría, había aprendido de sus errores, de la experiencia sólo quedaban las enseñanzas y los buenos recuerdos, lo demás yacía en el olvido.

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