A bright soul, a pure heart

Writing 101 – Day 6, A Character-Building Experience

People used to hate him, and he could not possibly understand the reason for this. The villagers used to say he was a monster, an abomination. They forgot that he was just a child, and they chose to see only what lies deep inside him.

He was alone, living in the dark until they came to him: a man and two kids, a father figure and two siblings. They did not care what people could think of him. They accepted him, loved him. They taught him that your choices and actions are what determine who and what you are.

He never gave up, he had a dream and fought for it. He worked hard to achieve his goals. He exceeded people’s expectations as they always expected the worst from him: another tragedy, thousands of deaths. The villagers were astonished, they started to realise that he was not a monster, but a human being, one of their own.

Over time all the villagers cared for him, his health, his well-being, his feelings. And when the evil came, he gave all his strength to defend the people. He saved them, he became their hero: a man with a bright soul and a pure heart.

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Nightmare

Writing 101 – Day 3, Commit to a Writing Practice

Everything was working as expected, then her blood pressure dropped, I could not feel her pulse. It was hell and I knew the reason… it was just that I had no idea how to fix it.

He came to me and asked me what was wrong, I looked at him and panicked. My hands were shaking, I felt the room turned around me.

I started doubting myself. My mind told me that from the beginning everything was a mistake: I had taken an impossible task for which I was not prepared, my surgical skills were not enough to save her life.

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Background song: Nightfall by Yasuharu Takanashi

Memory Palace

Writing 101 – Day 2, A Room with a View

She closed her eyes, then everything went dark. A small light turned on. She took a step and looked to both sides. The light was dim, however she could see some paintings hanging on the walls, some of them contained familiar faces, the others contained places she had visited a long time ago.

She smiled, looked forward, and continued walking along the hall… each step turned on a new light. She could not hear a sound. Her steps were slow and calm, her breath was steady. Suddenly she heard a whisper, which turned into a harmonic sound and after a while she realised they were strings smoothly played by a bow.

The entire hall was dimly lighted. She had finally reached the end of it, and in front of her an imposing wooden door was taking form. It was extremely detailed, so magnificent that she could not find a single word to describe it. She stared at it for a couple of minutes, and thought about all the wonders hidden on the other side.

She stopped thinking and just acted: she opened the door and entered into the new space.

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Background music: Downton Abbey – The Suite

Exterminio de un matadragones

Se posó sobre la hierba, conjuró un escudo y esperó. Se decía que el hombre que lo miraba ahora fijamente era invencible, el más fuerte de su clase, el asesino de dragones por excelencia, se decía que era alguien de temer. Sin embargo, eso era para los de su misma especie, en él no producía ningún tipo de temor. Estaba orgulloso de ser lo que era, y a la final no había prisa, tarde o temprano, de una forma u otra, todo llegaría a su fin…

El matadragones esperaba que la bestia luchara o que se rindiera, pero ninguna de las dos cosas sucedió. El dragón no se movió, no se inmutó ante el más mínimo estímulo, ni siquiera sus ojos abadonaron el horizonte para prestarle atención a las obvias y agresivas intenciones del cazador. La bestia mitológica se quedó allí, en el valle, echado entre la hierba, aspirando cada gramo de oxígeno, esperando el momento oportuno para actuar. Día tras día y noche tras noche el dragón veía a lo lejos a la bestia de luz, calor y fuego nacer y morir. Era todo lo que sus ojos vislumbraban, lo único capaz de captar su total atención.

El matadragones no se dió por vencido, hizo todo cuando pudo para acabar con su presa, para alcanzar su objetivo, pero sin importar qué intentara o cuántas veces lo hiciera, jamás daba resultado. El dragón estaba tan cerca y a la vez tan lejos. Casi podía tocarlo con las manos, yacía a un paso de distancia. Sin embargo, era imposible doblegarlo, tocarlo, matarlo.

Pasaron los meses, tan lentamente como fue posible y, con el tiempo, la determinación del matadragones menguó. Un día yacía con su guardia baja, plácidamente dormido, recostado contra el escudo del dragón. De un momento a otro, y sin previo aviso, el mitológico animal lo incineró con una sola llamarada de su fuego puro y maldito. Una sola exhalación de su aliento fue suficiente para exterminar al que una vez fue llamado “el último asesino de dragones”.

El dragón deshizo su escudo y lentamente se irguió. Su trabajo había finalizado, había dado caza al último matadragones que existiera en la época. No podría estar más que satisfecho, había logrado aquello que había jurado hacer desde que era pequeño, aquel día en que ese mismo hombre le arrancó su familia:  desaparecer de la faz de la Tierra, por completo, a los asesinos de dragón.

¿A dónde irá Alicia?

Es otro hermoso día en Gloucestershire, viste un sencillo vestido azul, se encuentra sentada en el sofá que da hacia la ventana, con los pies sobre éste y la vista fija hacia el exterior. Su cuerpo está ahí, pero su mente no, ésta se haya divagando en un mar de memorias. Piensa en él y en todo lo que pasó. Recuerda los buenos y malos ratos, las risas y las lágrimas…

Desde ahí aprecia toda la hermosura del paisaje, el sol empieza a ponerse, y a lo lejos puede ver la magnificencia de lo que son sus últimos rayos para el día. Un impulso la asalta y la lleva a dejar atrás las cuatro paredes entre las que se encuentra ahora. Un paso, dos pasos, puede sentir la hierba húmeda bajo sus pies, baja su vista al suelo y detalla que la frescura que siente se debe a que ha salido de casa con los pies descalzos. Una suave brisa decoró horas antes la tarde británica y justo ahora puede verse envuelta por los restos que ésta dejó atrás. El sentimiento es tan embriagante que decide cerrar los ojos y, en línea recta, caminar un poco más. Sigue su rumbo sin una meta en particular, respira, camina, y se dedica sólo a sentir la humedad de la tierra.

Ignora por cuánto tiempo se ha estado desplazando, abre sus ojos y puede ver frente ante sí la entrada al bosque, ese bosque mágico y encantado, tenebroso y aterrador, el bosque sobre el cual su padre solía contarle un sinfín de historias. Por un momento desea adentrarse en él: desaparecer, perderse en un mundo de ensueño totalmente alejado de aquella persona que sólo usa mentiras disfrazadas con artificios. Sin embargo, antes de dar siquiera el primer paso, reflexiona, piensa y decide que no se justifica abandonar tan magnífico lugar sólo porque alguien que no vale la pena la lastimó.

Da media vuelta y empieza a retroceder, a regresar a casa. Da un paso, dos pasos, al tercero se detiene y vuelve la vista al bosque encantado, sonríe, regresa su vista al camino y continúa andando mientras piensa en todo lo sucedido. La verdad es que en el fondo sabía que no duraría para siempre: era algo efímero, momentáneo, y condenado a morir conforme el tiempo avanzaba. Pero eso carecía de importancia, era algo que ahora hacía parte de su pasado, y así seguiría, había aprendido de sus errores, de la experiencia sólo quedaban las enseñanzas y los buenos recuerdos, lo demás yacía en el olvido.

Sueño vívido III: Y se hizo la luz

—Quita esa horrible expresión en tu rostro —me dijo—, ambas sabemos que no vine hasta aquí para lastimarte, es más deberías sentir dicha y alegría al verme hoy, en este lugar, a tu lado.

Minutos antes sentía temor, ahora inseguridad, duda. No tenía idea de a qué se refería, no sabía por qué debería sentirme feliz por su presencia, su objetivo aún no era claro para mí. Aún así, en sus palabras vi mucha seguridad, por alguna razón desconocida confié en sus palabras, le creí. Cambié de posición, me senté, crucé mis piernas e inmediatamente empecé a pensar en las muchas o pocas posibles razones por las cuales la tenía junto a mí, pero no logré llegar a ninguna conclusión, mi mente no me daba una respuesta.

Mis pensamientos se vieron reflejados en mis facciones, justo cuando terminó de hablar reemplacé mi expresión de terror por una de inseguridad. Al parecer, a pesar de estar en una oscuridad absoluta, ella pareció haberlo notado, pues exhaló pesadamente.

—Esto tardará un poco más de lo que había pensado —afirmó—, aún así será divertido, o al menos para mí lo será.

Escuché un chasquido y el cuarto se iluminó…

Luz por oscuridad

“Todo hombre tiene sus penas secretas que el mundo no conoce. Por eso a veces acusamos de frialdad a un hombre que en realidad sólo es un hombre triste.”

—Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882)

Sacrificio. No eres como el común de la gente. Eres un idealista, crees fielmente en tu causa y en que no es necesario comprometer tu integridad para alcanzar tu objetivo. Escogiste vivir una vida de dolor, soledad y oscuridad, rodeado de lo peor del mundo, luchando contra él, haciendo todo cuanto esté en tus manos para darle un poco de luz, paz y esperanza a los que quedan.

El sufrimiento te ha acompañado desde que tienes memoria, te ha sido arrebatado todo cuanto amabas. En un inicio creías ser la causa del mal que acechaba a tus seres queridos, creías estar maldito, pues todo aquel que se acercaba a ti perecía. Sin embargo, ahora comprendes que las decisiones tomadas por aquellos que lastimaron a tu familia no es tu responsabilidad, eso recae en sus hombros y en su conciencia, tú eres sólo un ser humano al que le han pasado cosas horribles. El dolor forjó tu alma y corazón, te definió, te dio un propósito, una razón para vivir, pero también destruyó todo rastro de luz presente en tu vida. Al verte al espejo no ves nada, salvo a un hombre en absoluta soledad, que no tiene deseos egoístas, que anhela dar todo de sí para marcar la diferencia, un hombre cuya esperanza de amor y felicidad ha desaparecido de la faz de la Tierra.

Estás tú y está él, el que sonríe al mundo, el que vive la vida loca, el que se preocupa por el que dirán, por tener buenas relaciones sociales. No obstante, él es sólo una fachada, es tu mejor disfraz, tu obra maestra, es la máscara tras la cual ocultas tu verdadero ser, tus verdaderos sentimientos. Él es todo lo que tú no eres, y aunque te causa gracia el tener que recurrir a él, no sonríes ante ello, fingir sonreír y aparentar ser algo que no eres te ha agotado.

También está él, aquel que siempre observa tus movimientos desde la esquina, esperando que lo necesites para correr a socorrerte. Es lo más cercano que tienes a un padre, la única familia que te queda. A pesar de los males y las adversidades, nunca ha dejado de creer en ti, jamás te ha abandonado, ha permanecido a tu lado día a día y noche a noche. Te ama, eres la luz de sus ojos, la razón de su existencia, está orgulloso de ti, porque eres un buen hombre, honorable y correcto. Sin embargo, lo consume el verte como ahora: sólo, triste, sin esperanzas de una vida mejor; lo atormenta el hecho de no haber sido capaz de protegerte del mal, de ti mismo; lamenta profundamente el que ahora te encuentres sumido en la oscuridad y suplicio. No ha perdido la fe en ti. Aún piensa que, a pesar de los años y el dolor que has tenido que soportar, mereces ser feliz, mereces que te amen, que te quieran, mereces sentir dicha, mereces sonreír de verdad.

Ya lo habías notado, sabes que sólo basta desear salir de la oscuridad que te rodea, la cuestión radica en que ya no deseas volver a sentirte feliz.