Sin desesperación no hay esperanza

Sólo un paso la separaba de la gloria, le faltaba poco para llegar, para alcanzar su objetivo, para afirmar sin duda alguna “lo he logrado”. Sin embargo, el destino es cruel y traicionero: aquel sueño no debía ser más que eso un sueño, un anhelo, una idea, algo intangible que no debía volverse realidad.

La meta estaba a su vista, cada paso le pesaba el doble que el anterior, cada segundo era una eternidad. A cada zancada, el camino se hacía más estrecho, la sombra se cernía sobre ella, le faltaba el aire. De un momento a otro, y sin previo aviso, todo fue oscuridad, silencio y desesperación.

—¡No!. En medio de ese silencio de ultratumba, su voz fue tan clara como el agua, tan lastimera como el llanto de un niño. Notó entonces cómo en un parpadeo todo aquello por lo que había luchado arduamente desapareció ante sí, dejando sólo el vago recuerdo de lo que fue y de lo que prometía ser.

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Inevitable

El infinito… un universo de posibilidades inexploradas, impensadas e inimaginables, un mundo que no has recorrido, que no has tomado la molestia de concebir, porque para ti sólo existe el ahora, lo que viene después tiene poca relevancia. Aunque evitaste de mil maneras enfrentarte a lo inevitable, llegó como la noche: silencioso, paciente y calmado, te envolvió y en un cuanto de tiempo te llevó desde el espacio sideral al centro de la Tierra. Sentiste la gravedad aplastándote, la temperatura quemando cada parte de tu ser y, en medio de esa tortura, te hiciste consciente de la existencia del dragón. Lo negaste en cada ocasión que tuviste y sólo bastó un instante, una oportunidad, para verlo directo a los ojos.

Mirar un poco más a fondo

Despertar y ver que tu mundo no es lo que solía ser.
Despertar y darte cuenta que ya no deseas ser como esa persona.

Concluir que odias en lo que se ha convertido,
porque destruye su vida y la tuya,
porque te hace sentir triste, derrotado, solo,
y no hay cosa que detestes más que sentirte así.

Reparar un poco y notar que quizás,
quizás no odies a esa persona,
en el fondo, lo que realmente odias
es el sentimiento de tener un corazón roto.