Ya no estás aquí

Hoy miro hacia atrás, hacia el pasado, rememorando algunos de los momentos que pasamos juntos, aquellos instantes que llenaron de alegría mi vida y tal vez la tuya. Quisiera recordar todo de ti, cada palabra, cada expresión, cada sonrisa, cada lágrima… de verdad quisiera, pero me es imposible. A pesar de todo, te recuerdo de a poco, te tengo presente, me pregunto si estás bien donde sea que te encuentres, si estás en paz, si nos extrañas tanto como nosotros a ti.

Siento que ha pasado tanto tiempo… de alguna forma, hoy duele mucho más de lo que dolía aquel día. Sólo queda enfrentarnos a la realidad y aceptar que por más que duela y por mucho que intentemos negarlo, tú no estás aquí, ya no, nunca más.

Forjados con el mismo metal

Mismo pensamiento,
mismo actuar, mismo reaccionar,
misma forma de expresión,
misma percepción del mundo.

Similares en tantas cosas,
parecidos en tantos aspectos.
Diferentes en tan poca medida,
distintos en tan sólo un par de cualidades.

Tan semejantes que cada uno no es sino
el reflejo del otro en un espejo
y la proyección del otro en un estanque claro y cristalino.

Tan idénticos que podría decirse
que fueron forjados con el mismo metal,
con la misma armadura que aparenta ser indestructible,
poseedores de una coraza tan frágil como el papel.

¿Qué espero de ti? ¿Qué espero de mí?

Te doy mi vida y a cambio espero la tuya. Espero recibir aquello que doy: amor, comprensión, respeto, cariño y amistad.

Espero que sientas lo que yo siento, que estés a mi lado porque así lo deseas, no porque te convenga, no porque el tiempo y las circunstancias te hayan traído a mí.

Espero que esto que siento pueda ser llamado amor, pues de lo contrario, tú y yo, nosotros, no tendríamos sentido alguno.

Yo sólo deseo ser yo

Que nos parezcamos un poco, que tengamos aspectos en común, que compartamos uno que otro pensamiento, no significa que seamos la misma persona. No puedes esperar que sea como tú, que reaccione de la forma en la que tú lo harías, que vaya al paso que tú lo haces, porque tú y yo somos personas distintas.

Tú deseas hacer de mí una copia tuya, yo sólo deseo ser yo mismo. Gracias a mis virtudes y pese a mis falencias, espero ser una buena persona. Quiero estar orgulloso de ser quien soy, y quiero que tú también lo estés.

De razones de ser y de amar

Te amo. Eso es lo que siento por ti. Mi corazón se acelera cada vez que escucho tu voz, cada vez que veo esos hermosos ojos carmesí, cada vez que veo esa sonrisa burlona en tu rostro, ese rostro de expresión apacible e indescifrable.

Si lo pienso detenidamente no debiera verte de esta forma. Ya encontraste tu persona especial, sí ella, la mujer que con su incompetencia te pone en peligro a cada oportunidad, que amenaza con destruir la gloria que haz de conseguir, la gloria que por derecho te pertenece.

Desearía poder odiarla, pero sé que es no puedo hacerlo, pues es preciada para ti y por lo tanto, ha de serlo para todos nosotros, pues si es tu decisión pasar tu vida a su lado, nosotros lo aceptaremos sin rechistar. Desearía ser yo la mujer a quien tus ojos mirasen, desearía ser yo la mujer a quien dedicases dulces sonrisas. Son tantas las cosas que desearía, pero de deseos no se puede vivir. Y lo que a mí me hace feliz, podría no darte felicidad a ti.

Conozco mi lugar. Mi mera existencia asemeja a un escudo, el cual te protegerá de todo aquello que intente lastimarte. Ese es mi propósito en la vida y por lo tanto, no he de esperar nada más. Vivo para ti y he de morir por ti de ser necesario. Estoy aquí para ti, para protegerte incluso de ti mismo, aunque eso te lleve a odiarme.

A pesar que tu odio me destruyera el alma y el corazón, no destruiría mi convicción, ni mi capacidad de distinguir lo que es correcto. Tu seguridad prevalece sobre cualquier cosa.

Puedo decir todo lo que por ti siento, pero al final del día es un asunto sin importancia. Mi razón de ser es protegerte y eso es lo único que importa.

What if you slept? And what if, in your sleep, you went to heaven and there plucked a strange and beautiful flower? And what if, when you awoke, you had the flower in your hand? Ah, what then?

—Samuel Taylor Coleridge (1772 – 1834)